domingo, 30 de diciembre de 2007

Año


Nuevo año.
Para mí, significa no mirar hacia atrás.
¿Para qué? Como dijo Daddy Yankee, “Lo que pasó, pasó”…
Resoluciones ¿para qué? Siempre se rompen.
Sentar metas, eso sí sirve.
¿La diferencia? La resolución implica una falta, una ausencia. Implica que el camino trazado hasta ahora es el equivocado, errado, tergiversado.
Pero debemos admitir que, aunque el camino se desvíe, aunque los baches y los badenes disminuyan la velocidad, el que tiene metas sabe a dónde va. El que hace resoluciones intenta negociar las curvas y los precipicios, salvaguardar el momento para poder respirar un poco. El que se impone metas, ve las curvas como oportunidad de calibración, ve los baches como fuente de agua bendita.
Feliz año a todos. Sigan trabajando para alcanzar sus metas.

jueves, 27 de diciembre de 2007

La muerte de Benazir Bhutto



¿Vale una muerte, o una vida, más que la otra? No se habla de los otros que murieron durante el asesinato de Benazir Bhutto. No se habla de todos los que murieron hoy en Irak, en Afganistán. No se habla hoy de los secuestrados en Colombia, de los reprimidos en Sudán. No se habla hoy de los muertos por los deslaves en Indonesia.
Entonces ¿vale la vida de Bhutto más de la que todos los que murieron hoy?
Todas las muertes son iguales, aunque no todas las vidas lo sean. Y la vida de Bhutto fue singular. Ser una mujer de liderazgo en un mundo tan chabacanamente machista (y hablo del mundo en general, no sólo del sub-continente asiático) no es fácil, y menos cuando algunos anormales deciden que su religión los autoriza a matar. Porque, recuerden, no es la religión la que corrompe las almas de los humanos; son unos pocos que utilizan la Biblia, el Corán, lo que sea, como botica de esquina, encontrando las pociones necesarias para soliviantar arrebatos de una fe exagerada y enfermiza. La cura no es la religión, ya lo han dicho Nietzche, Marx y otros. La cura es la aplicación equitativa de unos principios básicos de armonía humana. ¿Imposible? Tal vez. Siempre queda por medio el factor humano: la avaricia, la envidia, el miedo. Y claro, no se puede hablar de los motivos que impulsan a los políticos. El poder es más adictivo que la heroína.

¿Entonces?

¿Recuerdan el “butterfly effect”, esa teoría que dice que una mariposa batiendo sus alas en el Amazonas repercude de tal manera en el bio-sistema del planeta que puede causar un tsunami en el Pacífico? ¿Que cambios mínimos en algún lado afectan algo en el otro, produciendo resultados imprevisibles?
¿Qué tiene que ver? Algo que todos los que escribimos y leemos y pensamos sabemos: que una mínima palabra es poderosa.
¿Vale la muerte de Benazir Bhutto más que todas las otras muertes ocurridas hoy, o ayer, o mañana? No. ¿Valía más su vida? No. Lo que valía, lo que vale, es lo que hacemos cada día, en cada momento.

Como dijo Jean-Paul Sartre: "Evil is the product of the ability of humans to make abstract that which is concrete."

sábado, 22 de diciembre de 2007

¿Que cómo escribo?



Si alguien me pregunta que cómo escribo, la respuesta irá acompañada con una sonrisa nerviosa. Admiro a todos aquellos que confiesan escribir todos los días, a las mismas horas, no importa que truene, relampaguee, o se vaya la luz. Porque soy culpable de una obstinada indisciplina literaria. En ese sentido escribo como cocino.
Soy un escritor inspirativo, de esos que en el momento menos pensado, piensan (o se les asoma al pensamiento, que no es lo mismo) una idea, una imagen, un conjuro. Generalmente es en momentos inadecuados, difíciles o bochornosos: en el carro, en el medio del tapón, sin papel, bolígrafo, lápiz o grabadora; mientras estoy haciendo ejercicio; o en medio de una ducha. Como ahora, que acabo de salir corriendo del baño para escribir esto (calma, calma, pornográficos todos, que me vestí antes de sentarme aquí frente al monitor). A veces se me enciende el bombillo leyendo a otros autores. Es como si un botón se prendiera, una idea se mostrara cónsona ante mis ojos, y de repente entro en calor, y tengo que escribir. En lo de leer a otros autores, no es cuestión de plagio ni de imitación. Es más bien que el estilo de uno despierta el ritmo del otro, algo así como los encantadores de cobras de la India.
Sinceramente escribo con mucho miedo. No el miedo a la página en blanco que tantos escritores describen, sino el miedo a no poder terminar. Tal vez por eso prefiero escribir cuentos: la brevedad potente del cuento permite que lo incompleto finja ser la consecuencia final del acto de ficción. Cuando cocino, empiezo con pizcas de ingredientes, y voy añadiéndolos poco a poco para no pasarme de la sal, o del pique; de la misma manera escribo poco a poco, en brotes de energía, y guardando los pliegos electrónicos por algún tiempo, como esperando que la cocción pausada produzca un producto final sabroso. Así vuelvo luego de un tiempo, y reviso, y edito (soy mi peor crítico y editor) recomponiendo las líneas para conjugar mejor el sabor del guiso.
Generalmente los platos me quedan bien, se dejan comer sin necesidad de añadir sal o zantac, aunque no me puedo comparar con la ristra de mis familiares que son chefs, profesionales unos, amateurs los otros.
¿Entonces, qué es el blog?
Pues el aperitivo en lo que cocino el plato principal. Tú sabes, para no perder la paciencia.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Delirio crackiano.


No, no lo estoy fumando, pero estoy de buen humor, y con par de cafés encima, siento las palabras fluir.
Hasta aquí, pienso que el año estuvo regular. Digo, en el plano literario. Escribí mucho, pero no lo suficiente. Estoy esperando noticias buenas de alguno de los frentes de publicación. Estoy esperando la cuita que me lanzará a escribir la gran novela, la gran epopeya, el gran siquitraque. Sigo esperando.
Y sabemos que esperar es la pasividad, cuando debemos ser activos. Buscar, no esperar. Lanzarse, no esperar a que el agua suba al cuello. Componer, recompensar (repensar) a la inspiración para que rinda frutos. Cuestionar, no aceptar. Preguntas, preguntas, eso es lo importante.
Ser leído, pues para eso se escribe. No para ser conocido. El autor es el medio de expresión, es la extensión de la pluma, es el domador de palabras. Y escribir DE TODO, PARA TODOS, EN TODOS. Leer DE TODO, PARA TODOS, EN TODOS.
Si algo bueno tiene el manifiesto crack (de los mexicanos. NECESITAMOS UN MANIFIESTO BORICUA…) es su universalidad. Escribir de todo, para todos. Que el autor abra la puerta a todas las dimensiones, crear sin importar que la creación se destruya, nos destruya, se rebele, se cree sola. QUE LA HISTORIA NAZCA SOLA. Parto natural, sin médico ni comadrona. Bajo agua, burbujeante, los primeros alientos de pescado. Sumergir la historia. Hundirla. Y que crezca como perla, sola, en el fondo del mar.
De todo, para todos, el costumbrismo universal, la historia (la histeria) humana donde sea que crezca.
Se acabó el delirio. Necesito otro café.